martes, septiembre 27, 2005
LA NABA PEREGRINA
Llega la primavera y todo se llena de sol, de flores y de colorido. En la estación del amor cualquier excusa es buena para llenar todo de alegres floripondios y para que la adolescencia tome por asalto los parques y plazas: En la calle, florecen los nabos a la pesca de los primeros ombligos al aire de la temporada. Junto con los primeros calores e insectos llegan también las diferentes especies migratorias: nabos y nabas que hacen eclosión en esta época y, como los mosquitos, las golondrinas o las promotoras, conforman un característico aglutinamiento en masa.

La Naba Peregrina es una de las subespecies menos estudiadas de esta familia ya que en general se la clasifica de forma errónea. No es difícil encontrar especímenes peregrinos en el estante de las nabas étnicas, incluso en el de las bambú, pero la confusión más usual se da con las Nabas Carenciadas, con quienes comparten muchas de sus características principales. Sin embargo, no es atrevido señalar que, a las claras, las Nabas Peregrinas son las más perjudiciales para el funcionamiento del ecosistema yegual en particular y del universo nabo en su conjunto.

En apariencia, la naba peregrina es una naba encantadora, dulce y primaveral, que habla con diminutivos y llena sus frases de floripondios, y hasta acuña neologismos dignos de cualquier caramelito en barra. A su arribo, se nos presenta como un deliciosa e inocua cucharadita de azúcar, pero enseguida se establece y empieza a desplegarse: su primer objetivo es ganarse el afecto de todo el mundo. Sin distinciones. A la naba peregrina le da lo mismo la tía Betty, el gato de Juan o el pequeño bebé de María. Ella siempre es un encanto, porque tiene mucho amor dentro de sí y lo reparte a manos llenas, necesita saborear rápidamente las mieles de la amistad, vivir momentos de cariño fraternal y brindar sus mejores sentimientos. Porque, por sobre todo, ella quiere lucirse, convertirse en una reina, la Reina de La Primavera, de La Flor o al menos de Los Mosquitos, no importa siempre y cuando ella sea el Centro del Universo y los demás la adoren, le rindan pleitesías y le presten toda la atención que ella se merece por ser tan generosa con su amor. Su primera estrategia es el elogio indiscriminado y la sobredosis de melaza.

De inmediato, unos cuantos nabos (y en especial aquellos felizmente casados pero ya un tanto aburridos de la patrona), caen en su edulcorada red como moscas y empiezan el cortejo. Ella vislumbra su futuro reinado pero sabe que para formar una colmena no le alcanza con "unos cuantos" zánganos. Por eso quiere más, quiere a TODOS y hasta que no consiga a TODOS no se va a conformar y si no están TODOS rindiéndole culto "ya mismo", la naba se va a deprimir y su segunda estrategia será indiferenciarse (*) por unos días o bien reclamar, reclamar y reclamar el amor que le corresponde. TODO el amor de TODOS.

"¿Qué pasa? ¿Nadie me quiere?", "¿No me leen?", "¿Por qué no me valoran todo lo que YO hago por ustedes?", "¿Qué hacemos con este amor?", y otras preguntas por el estilo son sus frases de cabecera, muletillas que TODOS habrán de escuchar una y otra vez, hasta el hartazgo.

Pero tarde o temprano llega el momento en el que la naba peregrina siente que tanto amor que da no recibe la recompensa adecuada, sino más bien todo lo contrario. A esa altura, ya habrá elegido al más dócil y fiel de todos los nabos que pululan a su alrededor, y en él se escudará ya que habrá conseguido su amor exclusivo, después de la indispensable colgada de galleta a la patrona (que distraída por las novelas de la tarde se olvidó de depilarse y de combinar el color del corpiño con el de la bombacha, pero sobre todo, se olvido de darse cuenta que aquello que le había salido en la testa no eran chichones sino unos soberanos y relucientes cuernos).

Después de todas las justas y necesarias demostraciones de amor incondicional, el Nabo Elegido se convierte en el portavoz y representante sentimental de la naba peregrina y se hace cargo de los platos rotos y de todo lo que ella no quiere decir. Así como antes la ayudaba a florecer, ser adorada o cocinar un guiso, ahora su tarea primordial es hacer respetar las decisión irrevocable de indiferenciarse por Siempre Jamás.

En el climax de sus más desmesuradas fantasías, el Nabo Elegido siente que se sacó la grande: se ganó a la Naba Peregrina y se la lleva para él solito. Nabo y naba se celebran, se adoran y se untan de melaza, para luego migrar hacia otras latitudes, Peregrinos del Amor, Amantes sin Fronteras, tienen tanto amor que es demasiado para un número tan limitado de gente como dos. Tanto pero tanto amor que los llena, los rellena, los empalaga y los desborda, tanto, pero tanto amor que, en plena primavera, se torna tan insoportable como los mosquitos.

Por eso, y porque en Siempre Jamás no venden repelente, la naba vuelve. Su nabo fiel se le ha perdido en el camino y la naba se siente sola, recuerda que tiene mucho amor para dar, y más que nada recuerda que ella es la Reina y que TODOS tienen que adorarla. Por eso la naba vuelve, como la primavera y los mosquitos, y el ciclo de floración recomienza. Presa de un ataque de hiperactividad, recompone el hogar, se despliega en pimpollos flamantes, pinta las paredes de bonitos tonos pastel, revuelve el avispero y, en su afán de recolectar todo el amor que necesita, crea muchos blogs que nunca terminan de conformarla. "¿Es que no hay amor en los blogs?", se pregunta y ella misma se repregunta, "¿no me quieren?", "¿no me leen?", "¿no me valoran?"

Es que aunque le cueste admitirlo, de tanto peregrinaje se le apagó el brillo, los encantos menguaron, las palabras se repiten y no hay neologismo que alcance, para recuperar las viejas épocas de gloria. Los nabos que pululaban a su alrededor o bien están volviendo a la plácida seguridad de sus patronas (que no serán el summun de la pasión, pero no sabés las milanesas que me cocina) o, aún peor, ahora son gente famosa e influyente y están para Palabras Mayores, no para boludeces.

La Naba vuelve pero nadie la quiere, nadie la lee y nadie la valora porque TODOS están en otra. Y lo bien que hacen. Porque en caso de recaída no hay repelente que valga.

(*) Indiferenciarse es un verbo personalizado que equivale a desaparecer pero no del todo, y hacer de cuenta que "nomimporta" aunque "nada mimporte más". Se conjuga de la siguiente manera: YO me indiferencio / Tu te indiferencias si YO quiero / Él no se indiferencia un carajo / Nosotros nos indiferenciamos cuando a MI se me cante / Vosotros no os indiferenciais ni a palos / Ellos minga que se indiferencian.
 
**Yeguas Inc.** 2:40 p. m. | |