viernes, febrero 18, 2005
EL NABO HISTÉRICO
Reconocerlo es tarea más que simple: de toda la caterva de nabos que integran las diversas clasificaciones, el nabo histérico es, casi casi, el más previsible, aburrido y transparente que hay, a pesar de que intente disimular su accionar escondiéndolo detrás de un pretendido halo de misterio.

Pero, obviamente, no engaña a nadie. Se nota a dos leguas que con este nabo podés hacer cualquier cosa menos cojer.

Ideal para ir al cine, para hablar de literatura, resulta un excelente interlocutor telefónico o contraparte para el chat en una noche aburrida. Si no fuera porque se pasa la vida queriendo seducirte para después dejarte pagando, hasta podría resular un buen amigo.

Porque el nabo histérico es, antes que nada, un seductor nato. Todo el tiempo intentará impresionarte con sus vastos conocimientos sobre diversos temas de los que la mayoría de la gente no tiene ni puta idea. Temas que te producen una avidez por conocer y departir que es inversamente proporcional a las ganas de indagar en el contenido de su bragueta.

Este especial encanto del nabo histérico produce en cualquier naba un efecto inmediato que en general se desarrolla según la siguiente secuencia: enamoramiento fulminante, desesperación, sentimiento abandónico, impotencia, violencia sicológica, ganas de asesinarlo, cada etapa acompañada de muchas pero muchas más ganas de que el nabo la coja como corresponde y hasta de dejar que le diga yegua.

Por el contrario, y como todos nuestros lectores podrán anticipar sin dificultad alguna, en una verdadera yegua el efecto es muy otro.

A una yegua del orto, el nabo histérico la aburre. La aburre mucho. Si el trámite se convertirá en un conjunto de mohines, miradas sensuales, rozamientos como al pasar y cientos de dispersiones del asunto que realmente importa, la yegua del orto se desinteresa de inmediato. Ni por un minuto encuentra adorable esa vocecita de niño desvalido o de pobre huerfanito mimoso que el nabo pone cuando quiere que le sobes la espalda. Una yegua no necesita perder el tiempo hablando de autores absolutamente ignotos que no le mueven un pelo a nadie, no le interesa ir al cine en compañía masculina -mucho menos si el objetivo es ir a ver una película- y no quiere ser amiga de ningún nabo. Mucho menos de un nabo histérico.

Porque hay que ser muy naba para caer en la perversa red tejida durante largos años de complejos de edipo no resueltos, tendencias homosexuales indefinidas y una velada misoginia que el nabo histérico llevará consigo hasta la muerte.

Por eso, nabas queridas nuestras: alejense de nabo histérico. Hoy proliferan y son plaga, pero son casos perdidos. No se dejen llevar por la tentación del "yo lo voy a cambiar", no lo van a cambiar nunca. No intenten apurarlos, tampoco hacerles el mismo juego, mucho menos comprenderlos. No hay método, no hay posibilidad alguna. El nabo histérico no tiene cura.
 
**Yeguas Inc.** 1:23 p. m. | |