miércoles, enero 29, 2003
LAS ESTADÍSTICAS Y EL ARTE DE LAS CASUALIDADES

Dicen que la Estadística, lejos de ser una ciencia exacta, es un arma de doble filo. Sin embargo, ningún estudio que la vaya de serio deja de usarla para sustentar sus hipótesis. Es por eso que también aquí vamos a apelar a ella. No es ningún secreto que la clave de todo está en la muestra: una muestra bien construida aporta datos inestimables y cubre de seriedad el trabajo. Este es el caso en que la Estadística es considerada a la par de sus hermanas exactas y las Probabilidades son las Reinas de la Primavera y la Vendimia. En cambio, una muestra sesgada o descuidada, un uso negligente de las herramientas estadísticas, convierte a esta ciencia en Yo, la peor de todas, y cualquier trabajo así desarrollado no es más que charlatanería sin fundamentos. Debido a ello, el mayor esfuerzo del investigador se va siempre en la construcción de una buena muestra: el tipo sabe que de ese modo, con ese simple gesto de prolijidad, ya tiene garantizado más del 50% del éxito.
Pero hay campos, como el que aquí nos ocupa, en los que el contexto, de la mano del azar, condicionan estrechamente el diseño del universo de estudio. Vamos, que cuando de cuestiones sexuales se trata, una tiene participación en la elección hasta cierto punto, a partir del cual, dios, el karma, la genética o la puta suerte son los que definen el tipo de ejemplar con el que nos enfrentamos. O sea, que una puede estar enamorada, obnubilada, maravillada, seducida, entregada, regalada o simplemente caliente con un tipo, ya sea por su belleza, lomo, ternura, verso, onda, alma, culo, inteligencia, piernas, billetera o lo que sea, pero, por más charlada que venga la cosa, recién a la hora de la verdad es que va a tener la certeza plena de qué tipo de hombre es este tipo en la cama.
Por eso es que, en estos casos, el tipo de muestra con que contamos no depende demasiado de nuestro trabajo de selección. Y el tamaño muestral —específicamente, la cantidad de ejemplares— tampoco, ya que éste es función de tantas y tan diversas variables que es imposible de ser controlado de forma completa.
En este caso particular, quiso la suerte o el Arte de las Casualidades que, dentro de una muestra bastante reducida —y cuando decimos "bastante reducida" decimos más grande de lo que parece y más chica de lo que parece—, se presentaran ejemplares de diferentes tipos.
En efecto, apelando a todo tipo de tecnicismos y concesiones se cuenta con una base de seis individuos (siete, si nos ponemos todavía más tecnicistas o concesivos), en la cual se incluyen ejemplares de los cuatro tamaños básicos (S, M, L y XL) y desempeños que nunca bajaron de "bueno bueno", lo cual, teniendo en cuenta que en tres de los siete casos no se concretó o fue imposible de concretar la comprobación fehaciente de la clasificación, da como resultado una muestra óptima que brinda datos más que suficientes como para elaborar teoría.

(¿continuará?)
 
**Yeguas Inc.** 4:37 p. m. | |